Obligatorio conocer de huracanes en Quintana Roo: Velio Vivas

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Héctor Cobá

Facebook: Héctor Cobá / Twitter: @HctorCob

Cancún.- El conocer de huracanes debe ser una materia obligatoria, las experiencias vividas con los huracanes que han pasado por Quintana Roo fue el principal valor junto con la conclusión del quehacer antes y después de un huracán, resaltó en el coloquio Crónicas de huracanes y desastres, donde participaron los cronistas de la ciudad de Cozumel, Isla Mujeres y Cancún.

En el XXV aniversario de la Semana Nacional de Ciencia y Tecnología con el tema Desastres naturales: terremotos y huracanes, intervinieron los cronistas Velio Vivas Valdez de Cozumel, Fidel Villanueva Madrid de Isla Mujeres y Fernando Martí Brito de Cancún, ayer en la Universidad del Caribe (Unicaribe), en la biblioteca Antonio Enríquez Savignac.

El cronista de la ciudad de Isla Mujeres Fidel Villanueva Madrid rememoró que Isla Mujeres es un asentamiento que tiene 162 años, desde 1822; que ha tenido 31 huracanes en su historia, considerando el primero en 1922.

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Al carecer de tecnología para detectar la presencia de un huracán, ya que se desconocía cómo llegaba uno, para ello se tenía que leer la naturaleza: ver hacia dónde iban las hormigas tres días antes de la lluvia, el rumbo de las aves y el choque del mar con el arrecife, el sonido eran las herramientas de ese tiempo.

Su comentario lo salpicó de anécdotas históricas, como la del heroísmo histórico de un marino que murió, por ser una cuestión de honor, pudiendo salvarse, ahogado cuando se hundió su embarcación especializada para ayudar en huracanes cuando no existía tecnología. Contrario a la actualidad que los jefes de la Marina, con tanta tecnología, prefieren ver cuando se hunde una nave desde un helicóptero.

En su turno, el cronista de la ciudad de Cozumel Velio Vivas Valdez espetó que conocer de huracanes debe ser una materia obligatoria, ya que en algunos casos las personas ante la posible llegada de un huracán tapizan con cinta canela los vidrios de sus ventanas, pensando que así no se romperán los vidrios, que por la fuerza del viento de todas maneras se destrozan las ventanas.

En Cozumel, en el siglo 20, añadió que le ha tocado vivir con 12 huracanes; iniciando estos en 1903, cuando sólo había 106 casas y por el desastre natural quedaron nada más cinco, aunque no se registró una defunción. Otro destruyó en su totalidad a Xcalak.

El tercer huracán en 1922 dejó tres muertes, sólo había tres calles aún no existía el malecón que ahora existe, y la mitad de las casas estaban a la orilla del mar.

Enumeró algunas otras fechas de aparición de huracanes, en 1933, 1942, 1951 y 1967; y añadió que antes a los huracanes se les bautizaba con los nombres de las ciudades y luego se les ponía el santoral del día. No como ahora que los nombres van de la A hasta la Z.       

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    Siempre ha existido la desinformación, en alguna ocasión, relató, tuve que llegar a la casa nadando, sin zapatos, mi padre se sorprendió y le dije que debíamos ayudar a recoger muertos. Tuvimos que obligar a la gente que se refugiara, pasó el ojo del huracán, que por unas horas todo queda tranquilo, la gente salió de sus casas como si nada pasara. Por eso nos vimos obligados a exhortar a los pobladores, a obligarlos a refugiarse.        

Ya en 1988, con el huracán Gilberto, me la pasé hasta que ya era imposible tomando fotografías, ya era cronista de la ciudad. Tempestad que destruyó toda la vegetación y nos dejó seis meses sin energía eléctrica. En 1995 vivimos dos perturbaciones tropicales, el Opal el 1 de octubre, y el 11 el Roxana.

Las islas somos los rompeolas para las comunidades a las que llegan las olas a las costas, por eso llegan con una velocidad reducida, mencionó.

Insistió que vivir y convivir con los huracanes es una asignatura obligatoria.

A su vez el cronista de la ciudad de Cancún Fernando Martí Brito destacó que él llegó a Cancún en 1990, pero el huracán Gilberto ya había pasado; Wilma sí, del que elaboró el libro 60 horas con Wilma. En 2005 cuando vivía acá empecé a vivir las alertas de huracán, de Wilma.

Con Wilma quería ver un huracán en primera fila, por lo que con un amigo del Centro de Convenciones de Cancún (CCC) planeamos verlo desde ahí. Ahí apenas comenzaban los estragos se escuchaba mucho ruido por el estallido de cristales. El personal de seguridad no permitió que nos acercáramos a los cristales por el peligro, entonces la primera fila se convirtió en cuarta fila.

Así no se podía tener idea de lo que estaba pasando, lo que si pudimos ver a lo lejos fueron las olas montañosas de seis metros de altura, con la velocidad del viento de 280 kilómetros por hora, sin saber nada de afuera.

Un antropólogo que nos acompañaba como pudo salió del Centro de Convenciones y consiguió un radio de transistores, que sí funcionaba; así nos enteramos que faltaban al menos 16 horas para que entrara Wilma.

Al CCC se le anegó la azotea por lo que el agua entró por los ductos del aire acondicionado, y se inundaron los tres pisos, salimos desilusionados, hacia el bulevar Kukulcán, caminamos con el agua hasta la cintura, nos sentimos liberados, en medio de vientos de 270 kilómetros por hora, de un huracán categoría 4.

Martí advirtió que los huracanes son mejores que los terremotos, sumamente destructivos y no tienen un efecto ni un efecto benéfico, los huracanes sí por las lluvias torrenciales que convierten en verde los campos de México.                  

Los libros de huracanes

En el estante número siete de la biblioteca Antonio Enríquez Savignac de la Universidad del Caribe hay una breve bibliografía acerca de los huracanes, entre ellos están los siguientes títulos: Huracanes 2009, la revista Pioneros 124, número especial de huracanes; Janet de Francisco Bautista Pérez; Selvas, mares y huracanes; Los ciclones tropicales de México; Ciclones tropicales; Turismo. Desastres naturales, sociedad y medio ambiente; Encyclopedia of Weather; Paraíso protegido, hacia una cultura de mitigación; Meteorología y Earth. The Power Of The Planet.

hectorcobacc@gmail.com

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